EL PESAR DE DÉDALO
Tinta, acrílico y rotuladores sobre papel.
70 x 70 cm

Desde la antiguedad, los laberintos tienen una importante simbología en sus dos vertientes: el laberinto de camino único, que simboliza el camino "recto", el camino de la pureza, de la perfección, del conocimiento; y el laberinto de caminos múltiples, símbolo del devenir, del destino no escrito...símbolo, al fin y al cabo, del camino de la vida.
En el transcurrir de la vida nos vemos abocados a escoger inumerables caminos que se bifurcan, se entrecruzan, se alejan, se confunden ... caminos que pueden llevarnos hacia el conocimiento, a resolver nuestras busquedas, o que pueden, por el contrario, alejarnos de ellas hacia los más ajenos parajes.
En esa búsqueda, en ese transcurrir a través del laberinto, los hombres-pájaro parecen haberse perdido. Han dejado a un lado su búsqueda de la pureza y se han abandonado a un deambular incierto que los aleja del verdadero conocimiento, de la esencia. Cegados por la codicia han desoido al guardián del laberinto, han escapado de su condición animal, perdiendo de vista el hilo de Ariadna que los lleve de vuelta al sendero que nunca debieron abandonar.

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